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Las fantasías sexuales en las parejas


Las fantasías sexuales son parte importante de la sexualidad de las personas y cumplen una función tan importante como inducir o potenciar la excitación sexual.

La capacidad que tiene nuestra mente para crear una realidad virtual es una característica propia del ser humano y la de inducir y potenciar un encuentro sexual también lo es. Además tiene la ventaja de que nadie le pone límites, ni siquiera el propio cuerpo. En ellas no existen ni la eyaculación precoz, ni la disfunción eréctil, ni el miedo al embarazo, ni la necesidad de utilizar anticonceptivos.

Nos parecemos a los animales, en que somos capaces de excitarnos al ver, tocar, oler, etc. a una persona que nos resulta atractiva. Y a la vez el cerebro humano es capaz de crear mentalmente escenas y parejas fantaseadas, llegando a ser estas imágenes sexuales virtuales, poderosos afrodisíacos no químicos, tan excitantes como lo real e incluso, en algunos casos, aún más.

Varones y mujeres


Tanto varones como mujeres alguna vez fantasearon. Por lo general las fantasías masculinas son de alguna manera más conocidas, porque es muy común que hablen de ellas en bares, clubes, etc. Las mujeres, por lo menos hasta hace muy poco, han mantenido en secreto sus sensaciones y fantasías sexuales. Por eso se hace necesario, a la hora de fantasear, tirar abajo viejos mitos que marcan diferencias entre el varón y la mujer y que son resultado de la educación recibida.

Pongamos el siguiente ejemplo: sobre esta base se daba por supuesto que las mujeres, al contrario que los varones, no se sienten estimuladas a través de la vista o de la lectura. Los sexólogos alemanes Sigusch y Schimdt estudiaron en el Instituto de Investigación Sexual de la Universidad de Hamburgo y mostraron a un grupo de estudiantes de ambos sexos ciertas fotografías con escenas eróticas y llegaron a la conclusión que “Los resultados parecen probar que las mujeres son tan capaces como los hombres de excitarse sexualmente con estímulos visuales, pudiendo convertir, al igual que ellos, esta excitación inducida por imágenes, en actividades sexuales concretas”.

Hoy en día lo podemos corroborar en nuestro país con la proliferación de lugares de streapers masculinos donde las mujeres asisten como un lugar de diversión y erotización para dejar volar sus fantasías.

Las fantasias sexuales más frecuentes


Las fantasías sexuales constituyen una actividad absolutamente normal y natural, ayudan a experimentar situaciones o experiencias excitantes, expresar creatividad  y también satisfacer un natural deseo de variedad sexual y emoción.

Las fantasías más comunes son las de triangulación. Ejemplo: la pareja y un tercero o tres personas; si es un varón el que fantasea lo hace en sexo grupal con dos mujeres, y si es una mujer con dos hombres. También son comunes las fantasías sadomasoquistas y homosexuales, así como las exhibicionistas, voyeuristas, etc. Pero indudablemente las de triangulación son las que ganan por lejos.

EN LA VARIACIÓN ESTÁ EL GUSTO


En una fantasía no se hace necesario que su argumento sea complicado para que sea eficaz, pueden por ejemplo consistir en una serie de imágenes eróticas breves, cortas pero incisivas. Puede ser una escena determinada, un olor, una mirada, un rostro o un contacto. Dejemos en claro que lo que es explícitamente sexual no siempre tiene que resultar excitante.

Puede ser algo romántico y sensual como por ejemplo la idea de que alguien le acaricia tiernamente la cabeza o le abraza con afecto. Un varón o una mujer pueden tener fantasías creadas por pequeños detalles: por ejemplo la excitación del compañero o compañera mientras hacen el amor, su imagen realizando todo lo imaginable o bien imaginarse manteniendo una relación sexual en un lugar diferente del habitual como puede ser un bosque, una playa, debajo del agua y tantos otros más.

APRENDIENDO A FANTASEAR


Algunas personas fantasean más fácilmente que otras, pero se puede aprender a hacerlo. Y aprender significa sentirse cómodos/as con las ideas y las imágenes sexuales, sentirse bien con si mismo/a como para poder abandonarnos a ellas. Algunas fantasías se prestan para ser compartidas y otras no.

Compartirlas favorece la intimidad y la comprensión de la pareja. Muchas parejas después de varios años de relación descubren que sus fantasías tienen el mismo contenido. Otras eligen no compartirlas por temor a que su compañero/a se sienta molesto o molesta o tal vez incómodo/a. La experiencia clínica nos muestra que las personas que tienen una vida sexual más plena también tienen las fantasías más ricas.

Más allá de cual sea su contenido, lo cierto es que muchas fantasías son deseos sexuales a los que cualquier persona tiene derecho, aun cuando sexualmente esté satisfecho o satisfecha.